Santiago Segura y Jean Renoir, tal para cual

Escuché a José Luis Garci decir en el pódcast Cowboys a Medianoche, en esRadio —que sigo con fidelidad cada vez más quebrantable—, que Santiago Segura era una suerte de Jean Renoir contemporáneo. Donde Garci ve un pintor de almas, yo siempre vi cutrez, no exenta de listeza, porque hay que ser muy listo para que Segura, Torrente tras Torrente, arrase en las taquillas y arrastre —esta sí, buena noticia— a gentes a las desangeladas salas que no deberían morir nunca. El caso es que la cinefilia puede engendrar monstruos.

Mira que Garci es un sabio del cine, pero esto no lo supimos ver: Segura y Renoir en una misma frase. Y, mientras le dan palos al esteta de Sorrentino y a La grazia, defienden Torrente presidente, del nada esteta Segura. Las dos Españas son Segura y Almodóvar, pero yo me quedo con Visconti, a cincuenta años de su muerte; claro que Visconti era otro esteta.

Sobre Torrente presidente escribió con tino Manuel J. Lombardo en Diario de Cádiz y otras cabeceras del Grupo Joly. Daba en el clavo, pero Lombardo no es Garci y no le debe nada a Segura, sino más bien lo contrario: revela hasta qué punto a Segura le importa lo que un crítico de cine o plumillas escriba en un diario de provincias.

Mientras tanto, tenemos a Segura, como a David Uclés, hasta en la sopa: un jartible, que se diría en Cádiz, jurado televisivo de concursos inanes, graciosillo con chispa, omnipresente siempre y, claro, reventando taquillas y diciendo, gongorino para sí: «Ándeme yo caliente y ríase la gente».

Pero Segura, aunque él se lo crea, no le llega a la suela del zapato al ya centenario Rafael Azcona, y toda la saga de Torrente, más que un espejo valleinclanesco, es un despropósito cinematográfico, burdo y nada irreverente, pero muy bien calculado. Y he aquí el mérito innegable, como escribió Juan Bonilla, también en los diarios de Joly: que Segura ha sido capaz de crear un arquetipo, chusco, pero arquetipo, y con ese punto de cinismo de quien cree golpear, con su alegoría política, a todo el arco político. Y ahí salen los propagandistas de Segura, incluido Garci, y le llaman valiente y osado, y le comparan con Jean Renoir, hijo de Auguste, director de La regla del juego, casi nada.

Pasémonos de frenada, de ditirambo en ditirambo, entre la España de Bertín Osborne y la de Jesulín de Ubrique, de Ábalos y Koldo, de Torrente en suma, con toda su caspa junta.

2 Comments

  1. Jose Angel lucena el 30 abril, 2026 a las 08:56

    Este artículo tuyo era necesario. Torrente no deja de ser un hijo de su tiempo, de un tiempo a la deriva y de dudoso criterio estético-crítico. Se ha perdido el trasfondo de toda reflexión, solo queda esa cabecera vacua rellena de click bait.
    Dios nos asista y envíe su colera divina a este babel de twiters, retwites, redes e ias parlantes que venden y vende humo mientras las ideas son condenadas al fondo de la caverna porque ya no tienen lugar en la sociedad instantánea y fugaz.



    • Luis Garcia Gil el 30 abril, 2026 a las 15:24

      Gracias, querido José AÁgel, por tu lectura siempre atenta. Me alegra nuevamente coincidir contigo.