Et in arcadia ego por Antonio Álvarez del Pino
El gaditano Antonio Álvarez de Pino es un pintor que lee, es decir un pintor para quien la literatura importa, y esto ya lo diferencia de otros pintores nada leídos. Su exposición Et in arcadia ego, que pudo verse en el espacio cultural de la calle Ancha, es una indagación en los rostros familiares, desplegando ante el espectador de sus cuadros un álbum de pinturas nada fotográficas, con un punto de costumbrismo, que a veces nos puede hacer pensar en Sorolla, cuando la escena es playera, o en Renoir cuando es campestre.
Hay pintores que reproducen fotográficamente una realidad determinada. Álvarez del Pino no es, por fortuna, uno de esos pintores. Et in arcadia ego establece un emocionante diálogo de consanguinidad y de memoria familiar en el que la cotidianidad de los instantes florece con delicadeza.
La expresión latina Et in arcadia ego nos lleva hasta el poema de Cernuda «Luna llena en Semana Santa» del libro Desolación de la quimera. Todo es efímero, pero el arte es capaz de esculpir el tiempo, expresión de Tarkovski aplicada al cine. Por eso Álvarez del Pino resucita a quienes les precedieron, fija en sus caras su propia rostro, los sitúa en la espera y en la contemplación de una cabalgata de Carnaval, entonces Fiestas Típicas, o en cualquier otro momento de un presente que se tornó pasado.
Con citas de poetas como el portugués Eugenio de Andrade, Antonio Álvarez del Pino levanta un mundo pictórico que es también literario con algo de fijación proustiana y de conversación con otros pintores de la genética. De tal modo que la arcadia familiar queda suspendida en el lienzo, dentro y fuera de su tiempo a la vez.
