La soledad me ha seguido toda mi vida en los bares y los autos, sobre las aceras, en todas partes. No hay salida. Soy un solitario de Dios.
Travis Bickle
Todo tiene un comienzo y el de Taxi driver es ese momento que cuenta Peter Biskind en Moteros tranquilos, toros salvajes cuando Paul Schrader, cinéfilo marcado por el espíritu de Ozu, Bresson y Dreyer, está jugando al ajedrez con Brian de Palma y le confía que tiene un guion escrito con el título de Taxi driver. La primera noticia del insomne y desquiciado Travis Bickle que conduce su taxi por la noche neoyorkina y apunta en un diario la neurosis que le habita.
Aquel guion terminó en manos de los productores Michael y Julia Philips y estaba predestinado a Martin Scorsese que antes firmaría Malas calles, su primera obra maestra en la que ya destacaba Robert de Niro como actor y también Harvey Keitel.
Los descarnados años setenta de las heridas abiertas de Vietnam, de Nixon y el Watergate, del fin de las utopías, son también los setenta de Scorsese que presentó Malas calles en Cannes cuando Taxi driver era una posibilidad. ¿Pero de cuantas posibilidades que no llegan a puerto está hecha la historia del cine?
Después de Malas calles y antes de Taxi driver llegó Alicia ya no vive aquí que consolida al cineasta neoyorkino en la industria. La película contaba con Ellen Burstyn de protagonista y también salía en ella Kris Kristofferson, al que luego se le cita en Taxi driver en su condición de músico cuando Travis regala un disco suyo a Betsy, el personaje que encarna Cybill Shepperd. Antes del rodaje de Taxi driver, Robert de Niro le pasó a Scorsese un libro sobre el boxeador Jake La Motta, otro futuro proyecto que verá la luz años más tarde.
Los demonios interiores de Schrader están latentes en el guion de Taxi Driver escrito bajo la influencia del existencialismo sartriano, aunque haya quien vea en él una influencia nada disimulada de Centauros del desierto, algo mucho más evidente en Hardcore, un mundo oculto, dirigida por Schrader tres años más tarde y en la que un padre busca a su hija desesperadamente en los ambientes pornográficos de la ciudad en lo que es otro descenso a los infiernos que tiene ciertos paralelismos con Taxi driver. En todo caso el guion de la película refleja la impulsividad maniaca que Schrader traslada al personaje alienado de Travis. Un taxista con un arma deambulando por los bajos fondos de Nueva York. Un descenso a los infiernos que termina en inesperada y controvertida redención.
No está tan alejado su personaje del justiciero de Death Wish al que interpretó Charles Bronson un par de años antes que Taxi driver se estrenara. Travis como el arquitecto Kersey quiere limpiar las calles de maleantes. Son figuras deshechas en los bajos fondos de la noche. Ambas películas responden asimismo a un contexto moral, a una América enfermiza y traumatizada de violencias soterradas. Claro que Martin Scorsese no es Michael Winner y su sentido de la atmósfera es único.
Taxi driver se revela como una película estéticamente irreprochable que refleja ejemplarmente la noche neoyorkina a través de un personaje que deambula por ella con su taxi y observa, mientras la cámara parece aquietarse y ralentizarse, todo aquello que acontece a su alrededor, desplegándose un mundo de doliente marginación, de drogas y de explotación. Todo el sentido visual de la película se concreta a través de la iluminación de Michael Chapman.
El gran José Luis Guarner vio en la película un cruce entre el noir, el western y el horror a través de la caótica y desordenada mente del protagonista. La temida crítica Pauline Kael definió Taxi driver como uno de los raros filmes de horror auténticamente modernos con una mezcla -lo apuntaba José Enrique Monteder en su ensayo sobre Scorsese para Cátedra- de verismo y onirismo.
De Niro borda su personaje, esa especie de ángel exterminador bíblico y testamentario. Y la película va a despertar tanto asombro como reticencias. Leonard Maltin en su muy consultada Film Guide puntúa la película a la baja. Donde unos veían brillantez, Maltin percibía fealdad. Solo valoraba las interpretaciones y la banda sonora realmente valiosa e hipnótica de Bernard Hermann en una colaboración que podemos calificar de póstuma ya que falleció a finales de 1975.
En cuanto a las interpretaciones, además de un soberbio De Niro, destaca Jodie Foster como la prostituta y adolescente Iris -papel que generó enorme controversia- o Harvey Keitel como chulo de barrio o Cybill Shepherd de la que se enamoraba Travis y a la que insensatamente trata de conquistar llevándola a ver una peli porno al cine donde solía evadirse tantas veces.
Todo el elenco brilla a gran altura, incluidos los compañeros taxistas del protagonista, entre ellos Peter Boyle, con ese modo con el que Scorsese retrata sus cotidianas conversaciones mientras toman o dejan el taxi y la noche avanza. Todo ello antes del cuchillo que se afila en la mente de Travis y el derramamiento de sangre con el que la película se conduce hacia su final.
La película tuvo cuatro nominaciones al Oscar y fue Palma de Oro en Cannes. Finalmente, no ganó ningún Oscar. La pugilística Rocky con Stallone fue la ganadora a la mejor película, pero Taxi driver ha quedado en la historia del cine como una de las películas más influyentes de Hollywood con la icónica imagen de Travis con corte de pelo a lo mohawk.
Taxi driver mantiene intactas todas sus virtudes y sigue siendo un retrato moral de una época, de una ciudad y de un personaje solitario que se pierde por la gran urbe deshumanizada con una profunda sensación de vacío. La película parece encaminarse desde que empieza hacia ese final de violencia desatada que culmina con un plano cenital de Travis ensangrentado tirado sobre un sofá. Hay quien interpreta el epílogo redentor de la película como una fantasía que solo está en la mente de Travis. Quién sabe.
A esta obra mayor del cine norteamericano de los setenta cabe perdonarle hasta sus excesos, situada ya en el territorio de las obras míticas del cine, más allá del bien y del mal.
Nota final: Taxi driver ha cumplido 50 años este 2026.
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