Serrat por Bardagí, ayer como hoy

Antes del hijo fue el padre, Josep Maria, el que interpretó a Serrat en versión instrumental con guitarras, bajo y teclados a los que se sumaron otros instrumentos como el violín y la viola de Pere Bardagí, el violonchelo de Joaquim Alabau, la flauta de Jaume Cortadellas y hasta la percusión de Nan Mercader y la batería de otro clásico de las formaciones musicales del cantautor en los pretéritos ochenta, Francesc Rabassa, entre otros aportes e instrumentos. Corría el año 1998 y vio la luz Bargagí interpreta Serrat, uno de los discos más entrañables de cuantos se han dedicado al cantautor catalán, y no han sido pocos.

De esa misma estirpe llega Jofre Bardagí interpreta Serrat, es decir, antes el padre y ahora el hijo que podría decir como su progenitor que lo más difícil de este proyecto ha sido escoger las canciones, porque se podía tener la sensación de olvidarse de muchas canciones, que, en el caso de Josep Maria, vio nacer, crecer y marcharse de casa para entrar en la vida de la gente.

A esa misma dificultad podía apelar Jofre cuya voz ya se colaba sutil y adolescente en el disco Material sensible de Serrat, junto a la de María, la hija mayor del cantautor, en la canción “Malson per entregues” que culmina la primera de las dos entregas de su disco. Jofre que había nacido en 1978, año del disco homónimo del cantautor catalán, del que sí podría echarse en falta -si uno se pone tiquismiquis y no es plan- alguna versión por ser un disco injustamente menospreciado en la catedralicia obra del cantautor. Su padre, sin ir más lejos, no se olvidó de él y firmó en su disco una envolvente versión instrumental de “Irene”.

Más allá de inevitables omisiones, lo que importa es la delicadeza del trabajo emprendido por Jofre que recrea veinte canciones de Joan Manuel Serrat a modo de antología desordenada, con un equilibrio digno de agradecer entre la obra catalana y la obra castellana, desde la eterna “Cançó de matinada” hasta “Ja tens l´amor”, de 1967 a 2006, con referencias a sus cuatro discos dedicados por entero a poetas, desde el primero a Antonio Machado de 1969, del que Bardagí escoge el himno “Cantares”, hasta el disco de Mario Benedetti El sur también existe del que rescata “Una mujer desnuda y en lo oscuro”, grabada junto al propio Serrat.

Al final es inevitable juntar los dos discos de los Bardagí interpretando a Serrat, el del padre y el del hijo, ambos tan genuinos, tan expresivos, tan indisolublemente unidos a Joan Manuel Serrat. Josep Maria, arreglista de aquel extraordinario Res no es mesquí, dedicado al poeta Joan Salvat Papasseit, y del que Jofre graba la exquisita canción que le daba título. Nada es mezquino, podría decirse siguiendo ese hilo, y mucho menos este doble disco en el que Serrat se canta y se siente desde las inmortales páginas de “Mediterráneo” o de “Aquellas pequeñas cosas” hasta “Penélope” con ese andén donde sedente esperaba el homérico personaje creado por Serrat con música de Augusto Algueró.

Todo va hermosamente hilado y fluido en lo que constituye una muestra elocuente de la riqueza del repertorio del cantautor catalán en un viaje vocal y sonoro, respetuoso pero con capacidad para una relectura gozosa y nada encorsetada, que va de “Señora” a “Hoy puede ser un gran día”, de  “Seria fantàstic” a “Plany al mar” o a “Es caprichoso el azar”, compartida con Sole Giménez que grabó con el propio Serrat la ya lejana en el tiempo “Pendiente de ti” del disco Utopía. Hay otras colaboraciones en el disco como la de Santi Balmes en “Temps era temps” o las de Ana Belén y Andreu Buenafuente en la ya citada “Malson per entregues”.

El disco cuenta además con una producción esmerada de Juanma Latorre y un larguísimo elenco de músicos participantes con rescates tan emotivos como la guitarra del llorado Josep Maria Bardagí en “Una mujer desnuda y en lo oscuro” en donde también resuenan, sin dejar de lado el musical apellido, las cuerdas familiares de Pere Bardagí.

Entre todas las canciones que Jofre borda y siente como propias hay que hacer una mención especial para ese prodigio titulado “Menuda” del enorme Per al meu amic de 1973 que ya Jofre había grabado con su grupo Glaucs con quien vuelve a juntarse. “Menuda”, ecuador del segundo volumen, brilla con luz propia como la poesía serratiana que contiene. Esa Menuda de la canción, entre el gozo y la pena, abrazada contra el poema que lee a escondidas, empujada en el metro al amanecer en imagen extraordinaria.  La sensibilidad de Serrat alcanzaba aquí una de sus cotas expresivas más altas y delicadas, tanto en letra cono en música, en una canción que también supo hacer suya Silvia Pérez Cruz, la cantante de Palafrugell en una versión grabada con Raúl Fernández Refree que puede escucharse en su disco Granada.

“Menuda” en la voz de Jofre Bardagí resume per se el sentimiento que motiva su disco serratiano, incluida su hermosa coda instrumental.  Todo es, pues, parte de un viaje emocionante, realizado con absoluto conocimiento de causa, que viene a refrendar la vigencia de un repertorio que ya ha pasado la prueba del tiempo, y que más allá de este doble disco sigue en este 2026 mereciendo atenciones como la de la jazzística Andrea Motis que, en su último disco, Intimate, fija su atención en otra de las grandes canciones del repertorio del cantautor, la melancólica “De mica en mica”.

Jofre Bardagí interpreta Serrat como antes Bardagí interpreta Serrat constituyen obras complementarias, siendo, finalmente, un círculo que se cierra, partiendo de un mismo cauce, de una misma entraña emocional. Dejan ese poso en el oyente de las obras bellamente pensadas y finamente ejecutadas, sabiendo que cantar a Serrat es como quien viene a mirarse a un espejo y a reconocerse, porque esos son sus canciones, espejos cristalinos en los que la vida y la música de cada uno de nosotros viene a reflejarse.