Sandra (1965)

El cineasta Luchino Visconti falleció un 17 de marzo de 1976 en Roma, la ciudad eterna. Volví sobre Sandra, película de 1965, menos renombrada que su antecesora, El gatopardo, sobre la novela de Lampedusa. Sandra posee todo aquello que distinguió siempre el cine de Visconti, esos palacios decadentes, esa ruina aristocrática y la sensación de algo que está a punto de perecer, de extinguirse como la llama de una vela.
En Sandra, estrenada en el Festival de Venecia de aquel 1965, está Claudia Cardinale, que también estaba en El gatopardo, y cuya sola presencia iluminaba toda película en la que apareciera. La actriz encarnaba a un personaje que rastrea las huellas del pasado familiar, la sombra alargada del padre, los secretos nunca del todo confesados.
La película transcurre en la pétrea y ventosa Volterra, el marco perfecto para una obra tan crepuscular, tan fuera del tiempo. En un instante de la película, Gianni, el hermano de Sandra, afirma que Volterra es una ciudad condenada a morir de enfermedad, como la mayor parte de los seres humanos. Tiene Volterra la misma sensación decadente de Venecia que protagonizará por sí misma una futura película del cineasta, la extraordinaria y melancólica Muerte en Venecia.
Rodada en un espléndido blanco y negro, Sandra tenía una banda sonora ecléctica en la que lo mismo sonaba la música del compositor César Frank, decimonónico, que Mina, delicioso esplendor del mejor pop italiano, el de los años sesenta.
Obra bella y elegíaca, con primeros planos absolutamente reveladores de lo que fue Claudia Cardinale que nos dejó un 23 de septiembre de 2025. Su belleza permanece incólume en películas como Sandra.