Antonio Murciano, un alcaraván por la Caleta

Erase un tiempo de negrísima posguerra en el que salvaba la palabra convertida en poesía. Desde Cádiz mi padre alentaba una revista de poesía llamada Caleta que conectó de inmediato con una generación intrépida de poetas arcenses. Entre ellos destacaban Julio Mariscal y los hermanos Murciano, Antonio y Carlos. La Caleta de Arcos era Alcaraván, nombre de ave que aleteaba en las cumbres que daba nombre al hálito del verso de un puñado de entusiastas poetas.

En mi casa, la del niño que crecía entre libros, los Murciano fueron siempre una referencia cálida y concreta y los versos de ambos asomaron muchas veces en las páginas de Caleta desde el nacimiento de la revista en 1953. En la tercera entrega Antonio Murciano publica el poema “Autobús a las tres y media” y a partir de ahí sus colaboraciones son incesantes con poemas de títulos siempre evocadores como “Elegía en otoño por un antiguo muchacho”, “El pueblo”, “Balada amarilla del camellero” -para el número navideño-, “Hoy siento amor” o “El poeta vive la víspera de su boda”, por citar solo algunos. Uno puede seguir a través de estos poemas al poeta joven y creciente que halló pronto una voz propia,

La vida pasa entre poemas amorosos o descriptivos, espejo cotidiano y existencial de alegrías y quebrantos. Esa vida que se va cantando en cada verso mientras Antonio Murciano y mi padre intercambian una correspondencia en la que fluía la amistad, el sincero afecto y la vocación por la poesía que nunca dejará de acompañarles.

En una carta, Murciano le pide a mi padre opinión sobre su poemario recién publicado La semilla y en otra le invita a ser parte de la colección de libros de Alcaraván. Se cruzan proyectos, confesiones y confidencias. Hay un relato íntimo en ese cruce epistolar y alguna curiosidad como la tentativa de mi padre de ser pregonero de la Semana Santa de Arcos, buscando la intercesión del mayor de los Murciano.

Como poeta Antonio Murciano cultivó una poesía honda y de raigambre popular. Conocedor profundo de la métrica, el verso de Antonio Murciano atesoraba esa difícil sencillez de la poesía que se respira cotidianamente, con  una naturalidad y un temple nada forzados. Le recuerdo ahora con su espigada figura y su fácil verbo cuando le grabamos para el documental En medio de las olas, a la memoria de mi padre, en el despacho atestado de libros de su casa en Arcos.

Hoy repaso aquellas cartas que escribió a mi padre que recorren los años cincuenta y sesenta con el membrete de abogado en la parte superior. En una de ellas, fechada un dieciocho de octubre de 1955, le manda direcciones de varios poetas importantes a los que mi padre accede a través suya, entre ellos Vicente Aleixandre. También le hace repaso crítico a la última entrega de Caleta, la séptima. Todo ello da una idea de la implicación de Antonio Murciano en la propia revista a la que mejoró con sus consejos y recomendaciones.

Todo ello vuelve en este ahora, la amistad de ambos, los versos escritos en la piel habitada de los días, los sueños y afanes, los libros dedicados, las postales arcenses con vista parcial del pueblo y de la Iglesia de San Pedro sobre la peña. En cierto modo, Antonio Murciano y José Manuel García Gómez siguen latiendo en aquel tiempo en el que la poesía compartida fue también un modo de combatir la propia cerrazón mental e ideológica del franquismo.

Luis García Gil, febrero de 2025, por encargo del querido poeta Pedro Sevilla. Publicado en Viva Arcos 13/3/2025

 

2 Comments

  1. Jose Angel lucena el 13 marzo, 2025 a las 17:13

    Hay un aleto ingrávido de palabras en tu texto, un delicioso aroma verso recien cocido en las primeras y dulces horas de la mañana. Es un privilegio leer tus textos de poeta.



    • Luis Garcia Gil el 17 marzo, 2025 a las 12:58

      Muchas gracias Jose por estar siempre atento a estos pensamientos que uno va dibujando contra viento y marea. Abrazo grande.