A día de hoy de Luis Eduardo Aute

Un amable lector me hace saber que en mi libro Aute infinito hay referencias pero no se comenta el disco A día de hoy de Luis Eduardo Aute como sí se hacía en Lienzo de canciones. Evidentemente se traspapelaron las líneas dedicadas a este excelente disco  que sí destaco con dos de sus canciones, «Imaginación» y «Tríptico de luces y sombras», en la lista de canciones recomendadas en la playlist comentada para Spotify. A vueltas con el disco quizá podría añadir a ese listado la extraordinaria  «Naves quemadas».


Avanzaba la primera década del siglo veintiuno y el mundo seguía siendo un lugar inhóspito pero el arte podía tener algo de sanación frente a las hostilidades del presente. En España gobernaba José Luis Rodríguez Zapatero agotando la que sería su primera legislatura como presidente. Aunque gobernara la izquierda Aute no perdió nunca su espíritu inconformista y crítico con sus humanas contradicciones.

El mismo año que Aute grabó su directo cordobés, Humo y azar, puso en pie un disco con nuevas canciones que tituló A día de hoy. Corría el año 2007. Discográficamente Aute estaba entregado a lo que terminó siendo otra de sus trilogías, los Auterretratos, a la postre seis discos en los que regrabó una parte de su cancionero con una lectura renovada y musicalmente más contemporánea, fruto de ese espíritu inquieto y libérrimo que siempre le caracterizó.

Enfrascado como estaba en otros proyectos de distinta naturaleza, Aute no se planteaba los discos con la urgencia de antaño. Los repensaba y reposaba. Entre Aire/ Invisible, fechado en 1998 y Alas y balas de 2003 transcurre un lustro. Y entre Alas y balas y A día de hoy cuatro años.

En la portada, en blanco y negro, Aute persiste en su imagen de fumador empedernido. Más humo que azar. Un poco como posaba en la portada de Albanta, veinte años atrás con actitud reflexiva y los ojos semicerrados. Hay en todo el disco una riqueza sonora propia de Tony Carmona, responsable de la producción y los arreglos. De la mano de Carmona Aute supo emprender una revolución discreta pero loable de su manera de vestir sus canciones, de otorgarles la atmosfera que precisaban, lejos del cantautor al uso.

No cabe duda que A día de hoy es un gran disco de Aute pero también que en estos años se le escucha poco y mal. Ya no es el Aute resonante de los años ochenta, sino que es un artista que disfruta de la madurez de su arte, lejos del ruido mediático pero fiel a su espíritu y a su filosofía de la que da buena cuenta la canción que daba título al álbum, apertura de un disco de catorce canciones, es decir generoso en contenidos. Ya sabemos que el pesimismo trágico de Aute encuentra salvación en el amor. «A día de hoy sólo quiero decir/ que no sé de dónde vengo/ ni a dónde voy/ pero quiero que sepas/ que sólo sé quién soy/ cuando estoy/ dentro de ti…». La errancia del ser halla refugio en la amada, en el sexo como respuesta a todos los dilemas. Es la misma idea que subyace en la quinta canción del disco, “El resto es humo”.

En el disco hay grandes canciones a la altura de las muy clásicas de Aute como “Naves quemadas”, la séptima, con su querencia homérica y esos versos en los que dice que «vivir es navegar tras un espejismo detrás de un abismo». La palabra espejismo tan propia del vocabulario de Aute que también expresa un desiderátum: soltar amarras y que el «dios azar nos transporte a soñadas latitudes/ para escapar de las biblias, coranes y talmudes de la vida».

Otra de las canciones destacables es “Imaginación”, la segunda del disco, que dialogaba con John Lennon y su “Imagine” como “Recordándote” dialogaba con Los Beatles y “Yesterday”. Lennon como interlocutor a través de su canción más célebre, grabada en 1971, cuando Aute andaba retirado de la canción, tras las voces y los ecos apabullantes de su primer “Aleluya” y de “Rosas en el mar”.  Una canción que abrazaba los postulados de Lennon, un mundo sin patria ni dios ni religión.

Canta Aute a un mundo que le espanta. “La barbarie” es su octavo aleluya, próxima a la distopía orwelliana con tiranos disfrazados de patriotas salvadores y de nuevo la belleza fulminada e inerte como símbolo de los tiempos. Hay hasta una cita célebre de Leonard Cohen dentro del aleluya extraída de su canción “The future”, grabada en 1992, el año de los fastos olímpicos y del quinto centenario del descubrimiento de América en el que España se celebraba a sí misma y Aute grababa Slowly. Ese mismo año de 2007 Aute participa en un disco en directo en homenaje a Cohen, Acordes con Leonard Cohen, en el que graba su versión en español de “The future”.

En todo disco de Aute que se precie Aute mete el dedo en las llagas cotidianas del presente. Fija estampas minimalistas y contundentes como “Año (y daño) de la gripe aviar” con arreglo de Miki Aute y donde el artista se contempla a sí mismo paseando con su perro por su querido parque de la Fuente del Berro, locus amoenus a punto también de derrumbarse en su mirada como espacio natural. «Pobre parque mío» clama el artista y «parque ¿Para qué?» se pregunta mientras se escuchan los ladridos de un perro llamado Pato y no dolor y pudiera ser el suyo. Escena, pues, matritense de un cantautor preferentemente urbano.

En el interior del disco se destacan unos versos de otra de las canciones, la extraordinaria “Esta noche” cuando en una de las estrofas de tres versos canta: «Que sepulten la utopía/ dame clases de poesía/ con tu cuerpo esta noche…». Es decir, el amor con su arrebato de carnalidad que todo lo puede. Más adelante canta: «Que combatan Dios y ciencia/ sólo admito la violencia/ de tu cuerpo esta noche…». Versos que nos remiten a la clásica “Anda” con aquello tan conclusivo de «ponte la desnuda/ violencia que recatas». El amor visto como sanación y combate.

 A día de hoy contó con la aportación instrumental al piano, acordeón y teclados de Igor Tukalo. Hay también coros envolventes en una grabación ejecutada por Javier Monteverde en los estudios Cezanne donde ya había grabado el primer Auterretrato en 2003. Se trata de un disco sutilísimo en su concepción sonora al que contribuye Tony Carmona a las guitarras, “Billy” Villegas al bajo, Antonio Calero a la batería y Fernando Javier a las percusiones, es decir un competente quinteto, parecida formación, reducida a cuarteto, que luego llevaría a los directos como el de junio de ese año 2007 en el Luna Park de Buenos Aires y que Gabriel Plaza reseñaría en el periódico La Nación, calificando a Aute como un hermano mayor de Sabina, más solitario e introspectivo y que trabaja con «ese juego de espejos que le proporcionan las palabras, la audacia del erotismo y la ingenuidad del humor».

Entre las canciones de A día de hoy no falta una en la que se refleja hasta qué punto la pintura le define y conforma. Se trata de la notabilísima “Tríptico de luces y sombras”, penúltima canción del disco, que juega a definir los mundos de Velázquez y de Goya, casi por oposición, el sevillano «reveló la fotografía» el aragonés «la violó», el uno es Dios, el otro su muerte con guiño final a Picasso. Hay un guiño final a Picasso que completa el tríptico de luz y sombra. La canción forma parte del directo Humo y azar y también del tercer y último Auterretrato, grabado un año más tarde. En las canciones de Aute las referencias a la pintura son importantes. A Goya ya había dedicado la canción “Quinta del sordo”, incluida en el disco Nudo.

Otra canción de A día de hoy con referencias pictóricas es “J’ escris ton nom”, fruto del Aute más afrancesado y devoto del surrealismo que junta en ella a Marcel Duchamp, René Magritte, Salvador Dalí, Giorgio di Chirico o Joan Miró. Todo un universo dadaísta con referencias cinéfilas y poéticas en las que no podía faltar el «corps mémorable» de Paul Eluard y las inmortales “Las hojas muertas” (“Les feuilles mortes”) del poeta Jacques Prévert y del compositor Joseph Kosma que despiden la canción. También Aute citaba a Jean Cocteau en una canción en la que destacaba el arreglo de Carmona, esos sonidos selváticos en la introducción y la voz de Sonia Terol en algunos pasajes, un poco a la manera susurrante de una François Hardy o de una Jane Birkin.

La cronofobia de “Tic-Tac” con un presente visto como un espejismo recuerda el existencialismo de la canción “De paso” pero desde una perspectiva mucho menos solemne a lo que contribuye el ritmo de charlestón de la canción. Ese chispazo entre nada y nada tiene algo del comienzo de Habla memoria de Nabokov que veía la existencia como un relámpago de luz entre dos eternidades de oscuridad.

No suele decirse todo lo que se debiera, pero A día de hoy es un disco magníficamente cantado y fraseado. Aute canta con convicción y sensibilidad. En la lengua de Shakespeare invoca a la actriz Sharon Stone en “Alone witch you” y despliega su exquisita ironía en “Na de na” que nos hace pensar en ese mundo de adicciones que rodea la vida del artista. Entra aquí Aute en el mundo de blogueros e internautas de la red que revela la desconfianza que Aute siempre le generó la tecnología hacia la que disparó algunos de sus certeros y relampagueantes poemigas.

Otra de las canciones de A día de hoy, “Sé de un loco” dialogaba con su cuarto aleluya, “Elijo la locura” para finalmente culminar el disco con un poeta díscolo y alucinado, libérrimo en su modo de entender el verso y la vida, y al que Aute rinde eterna pleitesía, el gaditano Carlos Edmundo de Ory. “Cuando no cante más” es un rescate de su disco oryano El desenterrador de vivos, grabado ese mismo año junto al cantautor jerezano Fernando Polavieja.

Lo que finalmente revelaba este disco de Aute, grabado en la sesentena, es su inquietud constante, su fidelidad también a unos principios, pero siempre con un aire renovado que es propio de esta década fructífera para quien no dejaba de explorar nuevos horizontes.