Laudatio para Serrat
Compartimos la laudatio que Luis Garcia Gil dedicó a Joan Manuel Serrat con motivo del Premio Cortes Real Isla de León. Las fotos que compartimos son de Fernando Fernández.
Cierto día de mediados de los años sesenta cuando tenías veinte años y sentías bullir la sangre ya escribiste en una canción todo aquello que querías cantar, una profesión de fe de la canción por delante, de todo lo que iba a ser cantado.
Como el mar y el viento, como el primer amor y el último, de las “Paraules d’ amor” tan sencillas y tiernas al amor de los viejos amantes que aún cruzaban la calle con las manos entrelazadas. Cantar al amor en todos sus matices, al amor pequeño, pájaro dorado, y al rayo de sol, al agua, a la tierra misma, a los niños, esos locos bajitos o a los ancianos en “Llegar a viejo”. Todo tan prontamente revelado en tu canción inagotable cuando apenas eras un muchacho del Poble Sec de Barcelona que decías que el camino es cuesta arriba y hay que hacerlo a pie.
Siempre con la mirada puesta en el horizonte prefiriendo la vida al sueño, la razón a la fuerza, el instinto a la urbanidad.
Hijo de Ángeles y de Josep, cançó de bressol, nana aragonesa, verso libre y eterno de la Nova Cançó, guitarra en ristre que te regaló tu padre y a la que te encomendaste en la canción con la que te despediste de los escenarios del mundo, pero no de la vida. «Guitarra dímelo tú» cantaba Atahualpa Yupanqui por los cerros del tiempo. Una vez cantando a Yupanqui alguien del público te espetó «Canta lo tuyo, Juan Manuel». «Y tú dijiste esto también es mío». Ahí está el vicio de cantar que te define. El recalcar desde siempre quienes fueron tus maestros: Quintero León y Quiroga, Jacques Brel, Violeta Parra y tantos otros.
Siempre estuvo contigo la guitarra con la que hallaste un mundo de sonoridades tan propio que hasta Tete Montoliu quiso asomarse con sus manos de jazzista a tus músicas tempranas.
Con tu canción como primavera en bandolera en 20 de marzo emprendiste una particular revolución lírica, sentimental, ética y estética como la que emprendieron Bob Dylan o Los Beatles en los vertiginosos sesenta.
Dijiste que querías ser libre como el viento y perderte entre la gente, pero te hiciste de la gente que encontró en tus discos una filosofía, un espejo en el que mirarse, una forma de vida o de felicidad, de refugio o amparo. Cuantas historias vinculadas a tu música que fue siempre canto de vida y esperanza.
Con la riqueza de tus dos lenguas al unísono, catalán y castellano, con determinación y fuerza inconmensurable. «Soy paloma torcaz dejadme en paz» cantaste en 1971.
Pareado a pareado, verso a verso, golpe a golpe. Llegó Antonio Machado. Fuiste soñador juvenil de pelo largo frente a la tumba del poeta en Colliure. «Caminante no hay camino/ se hace camino al andar» Y al cantar, aunque una de las dos Españas pueda helar el corazón.
Caminante de América o latinoamericano de Barcelona. Allí donde tu canción fue emblema de libertades, símbolo de resistencia y lucha. En Chile o en Uruguay, en México o en Argentina. Ya dijo Eduardo Galeano que en América hasta las piedras tararean a Serrat.
«Para la libertad sangro, lucho, pervivo». Miguel Hernández en tu voz. Los poetas cantados. La memoria de los versos que aprendimos gracias a ti. El Mediterráneo que hicimos tan nuestro como la genista, el perfume a brea y la ladera más alta que el horizonte. También las pequeñas cosas que hacen que lloremos cuando nadie nos ve y el pueblo blanco colgado de un barranco. Todo un universo de sensaciones pintadas en tu voz.
Lo fuiste cantando todo. «En cada valle una gente y cada cala esconde vientos diferentes». El final del franquismo, el exilio de once meses porque siempre preferiste pasar miedo que vergüenza.
Los hombres que nacen de pie y de pie mueren. Vuelta a tu canción de los veinte años. Y las mujeres que anduvieron un camino muy largo como tu madre, la señora Ángeles Teresa. Con Salvat Papasseit cantaste que nada es mezquino, «res no es mesquí, o aquello de «quina grua el meu estel, quina estel la meva grua.
Irene tendiendo sus trapos al sol, hoy puede ser un gran día y mañana también y el amor que llega, tan sinceramente: «Cuéntale a tu corazón que existe siempre una razón escondida en cada gesto…nunca es triste la verdad lo que no tiene es remedio…».
Tu verdad, la de todos. Si es verdad que el hombre puede morir pero no la idea. De vez en cuando la vida en la canción, de vez en cuando la canción en la vida. El oficio de ser padre: Queco, María, Candela. Y esa mitad del camino que Dante citaba en La divina comedia mientras seguían incesantes los discos, las giras, los sueños habitados o cantados: Tal com raja, En tránsito, Cada loco con su tema, El sur también existe, Material sensible…
“A quien corresponda” tu “Cambalache”, “Seria fantastic” tu “Imagine”. Hace más de veinte años que tenías veinte años. En cada canción tuya el lírico temblor de lo humano, la utopía incorregible y las manos del sueño que siempre traen un sueño de la mano. Y entre medias un gol del Barça para alegrarte el día.
Los regresos constantes a América. Ir a un lugar y quedarse. Nunca pasar de largo. Comprometerse y ensalzar la amistad. «Mis amigos son gente cumplidora/ que acuden cuando saben que yo espero/ si les roza la muerte disimulan/ que pa ellos la amistad es lo primero…».
De aquel mundo de posguerra de radios por las que se derramaba la copla a este presente en el que San Fernando te rinde honores en esta mañana festiva de septiembre, constitucional y doceañista, mientras tus canciones están más vivas que nunca y también el mensaje que supiste trasmitir a través de ellas.
Tuviste diez años y un gato y luego los veinte en que tu canción empezó a ser de todos. La mejor manera de ser internacional es ser provinciano, dijiste. La calle, el barrio, el terruño, la aldea y si tocaba llorar es mejor frente al mar.
Y la mirada siempre detenida en lo cotidiano, en lo pequeño, sublimando el amanecer que llega o la noche que cae sobre las andanzas de aquel titiritero que anduvo por mil caminos.
Penélope, Lucía, Edurne, el bueno de Benito, Marta o Menuda, Helena o Manuel, el Currillo el Palmo dando palmas, Juan y José sentados contra el muro del frontón. Personajes que llevaste en tu equipaje de canciones eternas. A estas alturas del camino y de la vida seguimos celebrándote. Canción a canción, golpe a golpe, verso a verso, beso a beso que va a un porvenir de muchachas y muchachos.
Recordar es pasar por el corazón que es pasar por tus canciones. Canción y Cancó y también cansion con la ese que cruza el charco. Porque la tuya es una historia conocida, todos la recordamos y la llevamos impresa en la piel, en el alma, en todos los sentidos y en los tocadiscos de la memoria.
Muchas gracias, Joan Manuel Serrat, hijo de Ángeles y Josep, de profesión cantautor, natural de Barcelona y ciudadano del mundo.

